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Una mujer con un ocular está sentada en una mesa de trabajo y repara un reloj.
Después de aprender el arte de la reparación de relojes durante cuatro años, Gregoria Miranda compró la empresa que se encuentra en Miami, Florida, en 2017.

Llegar a Estados Unidos solo con ‘la mente y una mochila llena de sueños’

A los 19 años, Gregoria Miranda dejó su hogar en Nicaragua para perseguir sus sueños de empleo y de una vida mejor en EE. UU. A los 32 años, ha alcanzado ambos y se ha convertido en propietaria de una pequeña empresa a lo largo del camino.

Editor’s note: An English-language version of this story is also available.


Gregoria Miranda es madre, ciudadana de EE. UU. y propietaria de una pequeña empresa en Miami, Florida. Ella ha experimentado todos estos momentos importantes de la vida desde que llegó a Estados Unidos hace apenas 13 años —pero estos sueños habían estado vivos y creciendo en la mente de una niña desde mucho antes—.

Cuando era niña en Nicaragua, Miranda le contaba a su familia sobre su deseo de vivir en Estados Unidos. Dijo que aunque no entendían su deseo de mudarse tan lejos de casa, la alentaron a que siguiera a su corazón.

En 2006, Gregoria Miranda llegó a Estados Unidos de Nicaragua para perseguir sus sueños. Después de abrirse camino en FRG Watch Repair en Miami, ahora es propietaria de la pequeña empresa. (2:06)

"Cuando se lo conté a mis padres, pensé que iban a decir ‘no’ o que estaba loca, pero solo me dijeron: 'Si quieres ir, vete, tienes nuestro apoyo'", indicó. "Es lo que más valoro de mis padres y siempre se los agradezco".

Así que en 2006, la joven que en aquel entonces tenía 19 años se mudó a Miami, Florida, sin conocer a casi nadie. Al principio, pasaba de un empleo a otro, pero se dio cuenta de que necesitaba más tiempo para mejorar su dominio del inglés.

"Cuando llegué a Estados Unidos, sabía que estudiar el idioma era muy importante y que se requería más que cualquier otra cosa para poder conseguir un mejor empleo", dijo. "Limpié casas y trabajé como cuidadora, que es trabajo de todo el día y a menudo requiere que vivas en casa del cliente. Y eso no te da la oportunidad de estudiar y de alcanzar tus sueños o tus objetivos".

Una imagen muestra los engranajes de un reloj en movimiento y una cita de Gregoria Miranda: “Hoy, mis sueños son hacer crecer la empresa, avanzar, estudiar más y lograr más de los objetivos que tengo en la cabeza”.

En esa misma época Miranda también se convirtió en cliente de Wells Fargo. "Cuando tenía 23 años", señaló, "todavía no tenía una cuenta bancaria en EE. UU. Cuando finalmente intenté abrir una, muchos bancos no aceptaron solo mi pasaporte como forma de identificación. Wells Fargo fue el único que me dio una oportunidad y me ayudó".

A pesar de estos altibajos, Miranda se mantuvo decidida a alcanzar sus sueños. Afortunadamente, las cosas comenzaron a ponerse en su sitio cuando consiguió un empleo en FRG Watch Repair en Miami en 2013.

“Gregoria era principiante en el aprendizaje sobre las necesidades de financiamiento para una pequeña empresa, por lo que comenzamos a hablar del valor del acceso al crédito a fin de ayudar con las operaciones diarias y la compra del inventario”.

— Enrique Loran

En 2017, cuando el propietario de FRG Watch decidió jubilarse, le ofreció a Miranda la oportunidad de comprar la compañía. Ella lo hizo, utilizando tanto sus ahorros como un préstamo personal de Wells Fargo. Esto representó un gran paso adelante para la emprendedora en ciernes, y Miranda se reunió con el representante bancario para pequeñas empresas de Wells Fargo, Enrique Loran, a fin de obtener asesoramiento sobre la administración de las finanzas de su nueva compañía.

"Gregoria era principiante en el aprendizaje sobre las necesidades de financiamiento para una pequeña empresa, por lo que comenzamos a hablar del valor del acceso al crédito a fin de ayudar con las operaciones diarias y la compra del inventario", indicó Loran. "Pude instruirla sobre líneas de crédito para empresas, tarjetas de crédito para empresas y cómo usarlas de manera efectiva para que su empresa pueda crecer y alcanzar el éxito financiero".

A los 32 años, Miranda ya no es la niña que en Nicaragua imaginaba una vida mejor en Estados Unidos, pero nunca ha dejado de soñar.

"Hoy, mis sueños son hacer crecer la empresa, avanzar, estudiar más y lograr más de los objetivos que tengo en la cabeza", señaló Miranda. "También quiero enseñarle a mi bebé que vale la pena venir a este país como inmigrante, solo con la mente y con una mochila llena de sueños.

"Mi sueño más grande y mi principal objetivo: ser un ejemplo para mi hijo y para todas las mujeres nicaragüenses, o para cualquier mujer que cree que vale la pena ser madre, tener una empresa, estudiar y encargarse de tareas domésticas. Es difícil, pero podemos hacerlo", dijo.

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