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Los beneficiarios de la beca de la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation de 2017 con el fundador, Catalino Tapia, en el centro.
Los beneficiarios de la beca de la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation de 2017 con el fundador, Catalino Tapia, en el centro.

Cómo un sueño se transformó en becas que “cambiaron vidas”

Karla Hernandez Navarro y otros beneficiarios de becas han podido asistir a la universidad gracias a la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation, una organización sin fines de lucro que comenzó con el sueño de un hombre.

April 25, 2018

Editor’s note: An English-language version of this story is also available.


Karla Hernandez Navarro nunca soñó que podría ir a la universidad. Incluso después de viajar a una escuela en una ciudad a una hora de su casa en Pénjamo, Guanajuato, México, para continuar con su educación y graduarse de la escuela secundaria con un promedio de calificaciones de 4.0, aun así no creía ser lo suficientemente buena.

Sin embargo, en la actualidad, está en el segundo año de la Universidad Dominicana de California en San Rafael, California, y se especializa en administración de empresas. Hernandez Navarro dijo que puede pagar la universidad y mantenerse motivada debido al apoyo financiero, y emocional, que ha recibido de la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation (en inglés).

La organización sin fines de lucro proporciona becas renovables de $2,000 a los estudiantes en los condados de San Francisco, San Mateo y Santa Clara, California, que tienen necesidades financieras, retribuyen a sus comunidades y tienen un buen desempeño académico. Muchos de los estudiantes son los primeros en sus familias en intentar obtener un título universitario.

“De las becas que he tenido, esa beca ha sido la que más me ha cambiado la vida”, indicó Hernandez Navarro. “Va más allá del valor monetario. Las personas de la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation son como si fueran mi familia”.

Luchar por su educación

En el área donde creció, las personas suelen dejar de ir a la escuela después del octavo grado para casarse y empezar una familia o trabajar en una hacienda, mencionó Hernandez Navarro. Cuando Hernandez Navarro decidió continuar con su educación, viajaba una hora en cada dirección para asistir a una escuela de la ciudad en la que se destacó y fue hostigada, no solo porque le gustaba la escuela, sino porque tenía un buen desempeño.

Después de que otros estudiantes lastimaran físicamente a su amigo en la escuela, Hernandez Navarro decidió no regresar. Un dolor paralizante en todo el cuerpo le impulsó a mudarse al sur de San Francisco, California, donde vivía su padre, y allí le diagnosticaron estrés postraumático.

Hernandez Navarro se adaptó y tuvo un buen desempeño en la escuela secundaria, pero como estudiante del último año, aún no consideraba ir a la universidad como una opción. Temía que sus antecedentes limitaran sus oportunidades. Cuando su consejero de la escuela le preguntó sobre sus futuros planes, Hernandez Navarro le respondió que no era suficientemente buena para ir a la universidad. Su consejero le hizo prometerle que enviaría su solicitud y se ofreció a ayudarle a buscar recursos financieros. Fue entonces cuando encontró a la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation.

‘Un sueño se ha hecho realidad’

La fundación fue puesta en marcha por Catalino Tapia, quien llegó a los EE. UU. proveniente de México con $6 y una educación hasta sexto grado. Cuando su hijo se graduó de Berkeley Law en la Universidad de California, Berkeley, algo que Tapia nunca hubiese podido imaginar, se dio cuenta de que no vio a muchas otras familias latinas en la graduación. Decidió que quería hacer algo para ayudar.

Karla Hernandez Navarro ha recibido dos becas de la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation.
Karla Hernandez Navarro ha recibido dos becas de la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation.

“No es justo que los niños que tienen potencial, pero no tienen apoyo económico, vayan a la escuela secundaria y eso sea todo”, señaló Tapia. “Para mí, todos los niños deberían tener la oportunidad de obtener un título universitario”.

Con la ayuda de las donaciones de los clientes de su exitosa empresa de jardinería, puso en marcha la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation. Inicialmente otorgó cinco becas en 2006, y desde entonces la fundación ha otorgado más de 200.

“Lo que empezó con un sueño se ha convertido en realidad”, dijo Tapia. “Me siento muy feliz y muy orgulloso”.

Tapia señaló que patrocinadores como Wells Fargo han ayudado a la organización sin fines de lucro a aumentar la cantidad de becas que otorga. Desde 2008, Wells Fargo ha proporcionado $153,250 en subvenciones y apoyo a eventos. En 2017, Wells Fargo otorgó $30,000 a la fundación. Mario Diaz, asesor de relaciones comunitarias de Wells Fargo en San Francisco, es el presidente del directorio de la fundación.

“Cuando conocí a Catalino, me impresionó tanto su propósito de poner en marcha la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation que supe de inmediato que esta era la organización en la que quería hacer trabajo voluntario”, indicó Diaz. “A través de la fundación BAGSF podemos dar luz a los estudiantes como Karla”.

Retribuir a la comunidad

La fundación es única porque no solo ofrece apoyo financiero a sus beneficiarios, sino que también proporciona una comunidad. Hernandez Navarro dijo que tiene una estrecha relación con Tapia y otras personas de la fundación.

“Hay veces en las que siento que no debería estar aquí”, señaló Hernandez Navarro. “Sé que puedo recoger el teléfono y llamar a Catalino, y él me hace sentir mejor. Me llama cada dos semanas. Todas las personas en la fundación Bay Area Gardeners Scholarship Foundation han estado ahí incondicionalmente para mí. Estoy en la escuela que estoy y sigo luchando por mis sueños porque ellos continúan motivándome”.

El sueño de Hernandez Navarro es trabajar para una organización sin fines de lucro o poner en marcha algún día la suya propia para ayudar a otras mujeres jóvenes a alcanzar sus sueños de acceder a una educación superior. Señaló que no es la única de las beneficiarias de la beca de la fundación que piensa retribuir y ayudar a otras personas después de la universidad. “Los estudiantes de todas partes están estudiando diferentes materias y sueñan con hacer un impacto en su comunidad”, dijo. “La fundación ha tenido tal impacto en nosotros que queremos ayudar a nuestra comunidad”.

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